Cuvinte
Destino dijo
Scris de Maximiliano Daniel Nica “El Rumañol”
Destino dijo:
"Te he dado mi paraíso lleno de poesía para que puedas cosechar los frutos del amor puro y que los mortales sacien su necesidad. Solo hay una regla que te impongo que jamás romperás: nadie debe entrar nunca al pequeño Jardín de la Soledad, solo tú, pues ahí es donde nace el dolor eterno que alimenta tu inspiración y que necesitan los frutos del paraíso para madurar hasta convertirse en los versos más románticos que los mortales hayan probado. Comprende mi pequeño que el día nace de la noche, la muerte nace de la vida, entonces también el amor ha de nacer del dolor.
He creado pequeños seres que habitan este paraíso como Alegría, Verdad, Ternura y muchos más que te harán compañía fuera del Jardín de la Soledad pero a tí te he creado a mi imagen y semejanza, tu destino es carne de mi ser, sangre de mi desdicha, pues yo soy el todopodroso Destino y sufro por no poder controlar a todos los mortales perdidos sin rumbo. Tú serás mi mano derecha, mi mejor creación y me ayudarás a llevar acabo mi sino. Vivirás eternamente y serás feliz en el Jardín de la Soledad, podrás vagar por todo el paraíso de las poesías para hacer los más bellos versos y cuando te plazca podrás bajar al mundo de los mortales y serás feliz viendo como ellos se alimentan de los frutos que tú has cosechado. Si me desafías te echaré de mi paraíso, te arrojaré al mundo de los mortales donde serás otro mortal y un día morirás."
Y así pasé infinitos tiempos en el Jardín, alimentándome de la soledad para inspirarme tal como me había predestinado el Destino. Cumplía con mi deber respetuosamente y volvía pronto del mundo de los mortales al Jardín de la Soledad para que el Destino no se enfadara por mi ausencia. Un día paseando por el paraíso fuera del Jardín de la Soledad, me senté cansado bajo un árbol del cual, reptando con sigilo, se me acercó un ser que me dijo:
"¡Estás muy solo, pequeña criatura del Destino! Mi nombre es Ilusión y también soy una criatura del Destino como Verdad, Ternura, Alegría y vago por todo el paraíso al igual que tú aunque nosotros tenemos prohibida la entrada al Jardín de la Soledad. Vivo eternos tiempos deseando ver el Jardín al menos una vez en la vida. ¡Cuánta suerte tienes de poder entrar y salir cuando te plazca!"
Con el tiempo, volvía cada vez más amenudo a aquel árbol para charlar con Ilusión. Ilusión me hacía sentir bien, siempre me decía aquello que yo quería oír y brillaba de esperanza cada vez que le contaba como era el Jardín de la Soledad, se le notaba la tristeza de no haberlo visto nunca. No era feliz plenamente por no haber entrado nunca al Jardín y aun sabiendo que Destino había prohibido la entrada al Jardín de la Soledad a cualquiera menos a mí, decidí una noche llevarla a ver el Jardín para hacerla feliz. Estaba acostumbrado a una vida de hacer felices a los demás mortales y pensé por qué no hacerlo también con Ilusión ¡no podía ser tan malo!
Dicho y hecho. Una noche oscura abrí las puertas del Jardín de la Soledad mientras Destino no vigilaba en el paraíso y le dije a Ilusión que entrara conmigo. De repente todas las flores del Jardín avivaron sus colores y brillaron con más intensidad que nunca. Era como si Ilusión era algo que el Jardín de la Soledad necesitaba para florecer en su máximo esplendor. Ilusión era feliz por fin, como si hubiera cumplido su sueño y aunque tenía miedo que Destino me pillara, nunca se enteró y se convirtió en nuestro secreto.
Desde aquel día, el Jardín de la Soledad era más alegre, salían mejores poesías que alimentaban los frutos del amor puro y los mortales eran muy felices. Empecé a pensar que Destino había prohibido la entrada a las demás criaturas por miedo a quedarse sin su vital tarea para la cual existía. Y así ocurrió que al poco tiempo, una de esas noches que yo bajaba al mundo de los mortales para verles comer los frutos del amor puro que mis poesías cosechaba, que la vi a ella. Algo era diferente esta vez, había visto muchos mortales, pero desde que Ilusión entró en el Jardín, algo había cambiado en mí. Ella estaba sola igual que yo y era feliz al igual que yo, pero a diferencia de mí, ella tenía la esperanza que me recordaba a Ilusión antes de entrar al Jardín de la Soledad. Sus ojos reflejaban un brillo que me recordaba al de las flores del Jardín cuando entró Ilusión. Bajaba muchas noches a verla y volvía rápido con miedo a que Destino se enterara que, sin querer, me había enamorado de una mortal. Cómo no enamorarse de tal hermosura que parecía susurrarle a mi alma poesía. Era tan hermosa como infinitos paraísos, nunca había visto algo así a lo largo de los siglos.
Después de verla a ella, estaba enamorado. Vino un tiempo de auge en el paraíso de las poesías y el Jardín de la Soledad nunca antes había cosechado tan grandes y sabrosos frutos del amor puro, pues salían de mi ser enamorado las mejores poesías que los alimentaba. Hasta Destino notó un cambió en los mortales, la humanidad había entrado en una época de renacimiento y me felicitaba por ello. Destino no sabía que había encontrado una musa, que estaba enamorado profundamente de una mortal y el Jardín de la Soledad tenía algo más que dolor esta vez, tenía además un rastro de esperanza que dejó tras su visita Ilusión, un esperanza que crecía cada vez que la espiaba ella a escondidas de Destino.
Una noche de tantas, no pude más y me acerqué a ella. Adopté forma humana para serle cercano y hablamos hasta que casi se hizo de día. Compartimos juntos el fruto del amor puro y sentí que ya no quería volver al paraíso de las poesías. Volví muy tarde y Destino me estaba esperando a las puertas del Jardín de la Soledad. Enfadado me dijo:
"Has dejado entrar a Ilusión en el Jardín de la Soledad, me has desobedecido. Te dí la vida eterna en el paraíso de las poesías, te creé a mi imagen y semejanza y tú me has escondido secretos. Te convertirás en mortal y vivirás una vida después de la cual morirás como todos los mortales. Nunca más podrás regresar aquí."
Quise disculparme, darle explicaciones a Destino pero no me escuchó, estaba enfadado, directamente me arrojó fuera del paraíso de las poesías donde adopté forma humana y volví a verla a ella cada día y cada noche. Nos casamos y amamos hasta el fin de nuestras cortas vidas humanas. Seguí escribiendo poesías como mortal pero ya no eran tan buenas como antes, cosa que ya no me importaba, compensaba más una vida corta a su lado que la eternidad en el paraíso de las poesías. Antes de morir escribí mi última poesía dedicada a ella que decía:
Paraíso del destino Mi eterna poesía Amor de la ilusión Mi mortal alegría
Dolor de soledad Mi flor del jardín Fruto de la felicidad Mi vida junto a ti
Escrito por Maximiliano Daniel Nica "El Rumañol"
Text de Maximiliano Daniel Nica “El Rumañol” · publicat pe elrumanol.com
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